De repente. Sin avisar. Sin ser invitado. Pero se ha colado por debajo de la puerta.
Nadie lo ha llamado y nadie lo quiere. Pero allí está.
No le ha importado nada, ha venido y se ha quedado. Se ha agarrado con fuerza a nuestros corazones, impidiendo dormir por la noche y llenando los pensamientos...
Miedo...
