Los recuerdos. Vienen solos. Sin ser llamados. Puedes estar tan fresca, con la mente en blanco y de repente ¡zas! una nota musical, una imagen o incluso un olor, pueden llevarte a otro momento de tu vida.
Lo malo son esos recuerdos que te empeñas en enterrar. Esos que cuando vienen, duelen. Y no...
Vienen solos...
