Mientras su padre cerraba la tapa del contenedor, Silvia notó como una lágrima solitaria caía por su mejilla. Dentro de aquella bolsa iba su muñeca Nina, a la que le faltaba un ojo, pero que siempre había sido su juguete favorito. Papá insistía en que ya era mayor para jugar con muñecas. Silvia no...
Nina quiere jugar
