A las 9 de la mañana suena el despertador. Amanecemos en nuestro puti-apartamento, más puti que por la noche, porque el sol se colaba entre las cortinas rojas y dejaba una iluminación peculiar por no decir otra cosa...
Desayunamos galletas y magdalenas a palo seco que habíamos traído en nuestras...
Roma. Día 2
