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Contrariedades de la vida 46

Estoy desaparecida pero paro un momento a contaros la última contrariedad que me pasó, para qué os riáis un poco de mi mala suerte y me digáis qué haríais en mi lugar.

El pasado viernes noche tuvo lugar la cena del gimnasio al que voy desde verano. 150 personas distribuidas en 6 mesas, risas, buen ambiente y dinámicas para que la cena fuera todavía mejor (¿conocéis el baile de la medusa? Yo hasta el viernes tampoco, pero cada vez que veía a alguien hacer Tarzán, tenía que hacerlo, y justamente el Tarzán estaba sentado frente a mí). El caso, que al inicio de la cena, cuando empezaron a servir, me sirvieron pero bien: todo el aliño de una ensalada (principalmente vinagre por el olor) acabo en mi pelo, camisa y pantalón. Me tocó la camarera torpe de la noche. Me fui al baño corriendo con ella, me intentó limpiar, me mojó toda, me echó potingue de ese quitamanchas (que a mí no me quitó nada) y al final me dejó helada de frío por la mojadura, manchada y apestando a vinagre. Vamos, que sin empezar a cenar tuve que irme a casa a cambiarme. En el momento, como vi a la mujer apurada no me enfadé pero cuando llegué a casa, entré por la puerta jurando en hebreo. 

La cosa es que las manchas del pantalón me va a costar que se vayan (si es que se van) y aunque en la misma noche no dije nada, no sé si poner una reclamación. ¿Os ha pasado alguna vez una situación así? ¿Qué hicisteis? 


PD: Soy gafe.

Los miércoles no molan

Cada curso escolar hay un día de la semana que para mí es nefasto. Este año toca el miércoles, porque tengo todas las horas de infantil seguidas, algunas horas sin apoyo en las clases más movidas, y acabo el día con una clase en 4º de primaria, que no me motiva un pelo.

Voy capeando los miércoles como puedo, animándome a mí misma diciéndome que ya estamos a mitad de semana y que quedan todavía 7 días hasta el próximo día fatídico. Pero hoy es insalvable. 

Empezamos con niebla de la muerte que hace que no veas un pijo en la carretera.
A primera hora nos encontramos con una clase de 4 años que parecía que había desayunado lengua y no callaban ni por equivocación (ya a primera hora me he dejado la garganta).
Continuamos con una segunda hora en la que el protagonista indiscutible ha sido un vómito maravilloso en 3 años.
A la hora del patio, para no parar, ha tocado ir a vigilar el recreo con lloros y un nuevo vómito de regalo.
Y terminamos la última hora de la mañana con más lloros y gritos en la otra clase de 3 años.
A mediodía, en lugar de hacer un "break" he tenido que plastificar y preparar unos marcapáginas que hicimos ayer con los peques. 
Por suerte (y de momento) mi media hora de comer no me la quita nadie, pero seguimos a las 3, con la otra clase de 4 años donde ha sido imposible hacer lo programado porque ha sido un completo caos con una peque que hoy tenía el día cruzado y lo más bonito que me ha dicho ha sido "tonta", y terminamos con los de 4º que están en plena edad del pavo y están insoportables. 

Coge el coche, una hora de viaje, llega a casa, cambiate y baja corriendo al gimnasio para hacer una hora de zumba (no he dado pie con bolo porque mi cabeza estaba completamente fundida) y llega a casa para que tu padre te diga que se ha muerto tu perreta. Ay. 

Yo me voy a dormir ya que es lo mejor que puedo hacer. 



El mal se esconde en la cola del Mercadona

Esto acaba de ocurrirme y aún estoy en shock. 

He ido a comprar con mi madre y cuando hemos cogido todo lo necesario nos hemos dirigido a las filas de las cajas. Hasta aquí todo correcto. 

Al ir las dos, nos hemos puesto una en cada fila, y la que antes acaba se cambia de fila, que puedo entender que haya gente que no le guste pero tampoco está tan mal hecho. Ahora viene cuando llega el show.

La fila de mi madre iba más avanzada, así que cuando he visto que le iba a tocar, me he puesto con ella. Pues bien, el señor que iba detrás de mi madre ha puesto el grito en el cielo, llamándome colona, diciendo a grito pelado que no tengo educación y soltando barbaridades como si no hubiera nadie más en la tienda. Mi madre diciéndole que ella estaba allí y lo único que había hecho yo era venir con la cesta, que ella también había hecho fila y por lo tanto nadie se había colado. El tío ha seguido arremetiendo con nosotras. Dos mujeres han empezado a murmurar y la cajera no sabía dónde meterse (ella me ha dicho que yo no he hecho nada malo, que ese hombre era un follonero de mucho cuidado). Mientras, el energúmeno (se ha puesto como tal, no digo ninguna mentira) ha seguido con su retahíla de voces y ha terminado diciéndonos que el día que explicaron la educación en la escuela, nosotras no fuimos y que si yo fuera un hombre, nos hubiéramos mojado la oreja (la expresión viene a ser que si yo hubiera sido un tío, me hubiera pegado). Me ha faltado un pelo para decirle que si quiere que le mojaba yo la oreja de un escupitajo, pero me ha parecido mal. 

Todavía alucino por semejante comportamiento.

Puedo entender que no le guste aunque mi madre estuviera delante de él y yo fuera con la cesta, pero de ahí a que me monte un pollo en mitad de la tienda, no. Al final he terminado riéndome y el señor diciéndome que no me riera, a lo que yo le he dicho que no iba a llorar, que siempre es mejor reír, y más por una memez tan grande. 

¿Creéis que el hombre tenía motivos para ponerse así? Contadme en vuestros comentarios si alguna vez habéis sufrido la ira de alguien así, o si lo que he hecho es taaaaan malísimo que me merezco todo lo peor que me ocurra.

Harta

Harta
Suerte que estoy segura de lo que quiero hacer con mi vida.
Suerte que tengo clarísimo que quiero ser maestra y dedicarme en cuerpo y alma a educar y enseñar a los más pequeños.
Porque hay días en que apetece mandarlo todo a la mierda, como hoy, y meterme en un supermercado para olvidarme de todo (y ojo, que me parece un trabajo muy digno, pero no es para mí).

No hacen más que putearnos cada dos por tres, especialmente a los interinos: las condiciones de trabajo cada vez son peores, nos quitan derechos y nos enfrentan unos a otros. Cada dos años (si todo va bien) tenemos que demostrar nuestra valía a un proceso de selección más que injusto y nada objetivo, y pobre de ti como no pases ese examen. Y cada cuatro años nos cuentan los méritos, si tienes suerte y no se dejan nada porque como tengas que reclamar vas listo. Vamos, que tienes que compaginar tu vida laboral y familiar, con estudiar (y ya no hablo de la vida social o las aficiones). Para que luego encima no te cuenten todo lo que haces.

¿Tengo que pegarme un año trabajando de malas maneras, asistiendo a clases de inglés y pagando un examen carísimo para que luego no me cuenten el título? ¿Dónde coño está mi perfil en inglés en la lista de interinos? Porque pensar que iba a mantener más o menos mi posición del año anterior, y ver que he descendido más de 100 puestos y que encima no me cuentan las titulaciones pertinentes... 

Estas cosas de verdad que cabrean, y es lo que digo, que menos mal que sé que ser maestra es lo que quiero, porque sino lo dejaba todo, que parece que es lo que buscan, que nos hartemos tanto que dejemos nuestros sueños para poder sobrevivir. Y yo me niego.

Contrariedades de la vida 46

Ya he hablado en más de una ocasión del despertador, de lo poco que me gusta que suene y de lo mucho que lo odio. Pero todos los días tengo que ponerlo si quiero levantarme y llegar a trabajar.

Hablando con la gente, me dicen que en fin de semana, sin necesidad de ponerse el aparatito infernal, se despiertan a la hora a la que les sonaría el cacharro entre semana. Yo no. Mi cuerpo no se acostumbra a madrugar ni a la de tres. De hecho, los fines de semana sin despertador son una bendición para mí.

Pero algunas veces mi cuerpo se despierta antes de hora. Si abro el ojo y veo que son las 4 de la mañana (por ejemplo), esbozo una sonrisa, pienso que aún me quedan 3 horitas de sueño, me doy media vuelta y sigo durmiendo sin problema. El problema viene cuando me despierto y quedan pocos minutos para que suene mi 'amado' despertador. Como hoy, que mi querido cuerpo ha decidido despertarse 6 minutos antes de sonar la alarma. Pues nada, ya he empezado el día con mal pie... 

Mi voz ha decidido abandonarme

Una de las peores cosas que te puede pasar siendo profe, es perder la voz.
Y a mí, es la segunda vez que me pasa. 

Este mismo año, en febrero, lo experimenté por primera vez. Lo pasé tan mal que sólo deseaba que fuera una de esas experiencias que se viven una vez en la vida. Pues no, la mala pata me persigue y he terminado la tarde sin voz.

Y no os vayáis a pensar que se debe a que este fin de semana ha sido de excesos, sino que precisamente por notarme un poquito de mal de garganta, ni salí. Me porté bien, cuidé mi garganta, y así he seguido hasta hoy. Pero claro, una clase de 21 niños de 4 años exige un tono de voz algo alto, y al final de la tarde he notado que ya no podía más. Los 70 kilómetros de vuelta a casa han transcurrido en silencio (por mi parte, me he tenido que conformar escuchando a mis compis) y cuando he llegado a casa, me he limitado a saludar con la mano. 

Voy a ver si encuentro algún remedio casero para recuperar un poquito de voz, porque tengo que acabar la semana. Qué miedo... si en lunes estoy así, no quiero imaginar cómo estaré el viernes.

Contrariedades de la vida 45

Contrariedades de la vida 45
Ayer por la tarde acabé deprimida. Primero porque el buen tiempo definitivamente ya nos está diciendo adiós, y segundo por lo que me tocó hacer: despedirme de mis sandalias y mis zapatillas de verano hasta el año que viene.

Ayer por la tarde me tocó empezar con el cambio de temporada. Sacar de mi armario (ojalá tuviera un armario más grande, aunque seguro que lo acabaría llenando) las cajas de los zapatos de verano, subirme a la escalera y bajar del armario del baño, las botas de invierno. Admito que volver a ver mis botas me gusta. Los botines últimamente me pierden. Pero recoger toooodo lo de verano y sacar lo de invierno... 

Ahora me queda la ropa, me resisto, pero poco más puedo aguantar con el cajón lleno de camisetas de tirantes y shorts... Ayy...

Contrariedades de la vida 43

Una de las cosas que más me enerva son esas personas que se esconden detrás de una pantalla (ordenador o móvil, me da lo mismo) para decir barbaridades que luego a la cara son incapaces de decir.

Hoy por ejemplo he tenido que ponerme seria con un amigo que no hace más que decirme cosas poco apropiadas. Partimos de la base de que hace un año intentó conquistarme y le salió rana, y que ahora encima tiene novia. ¿Por qué sigues insistiendo y diciendo cosas que no proceden a través del móvil? ¿No te quedó bastante claro que no quería saber nada? Y encima, ahora tienes pareja, ¿si ella se entera de las cosas que me dices, crees que le gustaría?

Total, que hoy me he cansado y le he dicho que si yo tuviera pareja, no me gustaría que actuara así con otra. Y el tío va y se enfada. Encima resultará que la mala soy yo...

La suerte me esquiva

La suerte me esquiva
La semana pasada anuncié un ataque de histeria debido a las vacantes de inicio de curso. Era casi imposible que llegara algo, pero yo deposité una pequeña esperanza en esas plazas que no suele querer nadie por no ser de jornada completa. ¿Quién iba a pensar que una plaza de 8 horas cerca de mi pueblo, la cogiera una chica de Teruel? Si con eso no tienes ni para pagarte el alojamiento que vas a necesitar siendo de tan lejos!!

Y ayer pasé por otro ataque de nervios que me ha durado hasta hoy a mediodía cuando se ha convertido en una gran decepción. La que ha sido mi plaza en Fraga durante dos cursos volvía a aparecer. Y sin dudarlo la puse la primera de mis opciones, consciente de que seguía siendo difícil pero ya dicen que la esperanza es lo último que se pierde. He estado 24 horas con un pensamiento continuo en mis compis y en mis niños. Y es que varios compañeros del cole se pusieron en contacto conmigo (incluida la directora) para desearme suerte y decirme que me esperaban con los brazos abiertos. Pero hoy a las 3 de la tarde he visto como la que ha sido mi plaza estaba adjudicada a otra chica. Por un lado lo esperaba, pero contaba con tener una pizca de suerte, y me ha dolido, no se puede negar. 

Seguiré esperando, mientras tanto me quedo con el placer de que tanta gente deseara mi vuelta.

Contrariedades de la vida 42

Contrariedades de la vida 42
Los anuncios en la televisión es algo que me irrita mucho (por no decir que me cabrea en exceso), pero es que encima te los ponen en el momento más inoportuno: aún no ha comenzado casi la serie que quieres ver y ya tienes que tragarte 7 minutos de anuncios siendo que ya veníamos de un espacio publicitario; justo en el momento más interesante de la película también parece ser un buen momento para meter otro anuncio (que a veces hasta cortan los diálogos de los personajes); y luego, cuando ya sólo queda un minuto de serie o película, pues hacen anuncios otra vez. Es que películas de hora y media acaban durando dos horas y media...

Pero ya lo que me parece bochornoso, es lo que hacen con Moto GP. Aparte de la cantidad de cortes que hacen, te dejan en una mini pantalla la carrera mientras en otra mini pantalla, ponen anuncios. ¡Vaya una tontería! Así ni ves una cosa ni la otra. Deja la carrera entera y luego pon los anuncios que te dé la gana!!!!!!!!! 

PD: menos mal que no me han quitado el momento en que Pedrosa ha adelantado a Lorenzo para quedarse definitivamente en primera posición. Lo de hoy ha sido un carrerón en toda regla, ya tocaba que este campeón ganara su primera carrera este año. Enhorabuena, Dani :)

Crisis

Ya hacía tiempo que no tenía una de esas épocas en las que lo ves todo apagado, como sin vida.


Son épocas que no me gustan, y que en mi caso se caracterizan por una apatía que empieza en algunas cositas que parecen insignificantes , pero que luego crecen.
Hace un tiempo que voy notando que no tengo ganas de escribir (a parte de que tengo poquito tiempo) porque intento ponerme y no me salen ideas o no sé cómo trasmitirlas. No sólo me pasa con textos propios o historias, sino que me pasa hasta con las reseñas de los libros. Y eso es algo que no me gusta.
También he empezado a sentir que no tengo ganas de leer. Esto directamente me asusta, porque soy chica de meterme dentro de un libro cuando lo que me rodea no me entusiasma. 
Últimamente me siento algo apática, la ilusión se escapa por pequeñas rendijas, me cuesta conectar con la gente porque no tengo ganas de poner buena cara a según que cosas, y todo me molesta un poquito más que de costumbre.

Podría decir que ha sido algo progresivo y que no sé de dónde viene todo esto. Pero me gusta ser sincera y sé cuál ha sido el punto crítico. Hice un examen para el que me había preparado durante todo un año y del que dependía para encontrar trabajo el próximo curso. Me he quedado a una décima de conseguir el título. Digamos que mis planes se han desbaratado y ahora estoy un poco (muy) perdida.

Sé que son rachas, pero cuando estás inmersa en ellas, se hacen eternas, sobre todo cuando no sabes muy bien cómo salir o qué hacer para ello. 
Espero recuperar las ganas y la ilusión pronto, para así poder enfrentarme a nuevos retos. Mientras tanto, sigo con mi curro de verano, que ahora es mi principal fuente de sonrisas.

Contrariedades de la vida 41

Yo antes me ponía el despertador para levantarme por las mañanas. Siempre ha sido así, hasta que empecé a viajar (de fin de semana) y me parecía un engorro llevarme el aparatito en la maleta. Así que opté por poner la alarma del móvil para despertarme (como hace la mayoría de la gente). 

Quizá sea un poco neurótica, pero mi miedo es que el móvil se apague en mitad de la noche, o que la alarma no suene (si, sé que eso mismo me lo puede hacer también el despertador). Y hoy se ha cumplido ese miedo. Mi querido móvil, se ha quedado sin batería esta noche (todavía no entiendo cómo, porque tenía suficiente cuando me metí en la cama) y esta mañana no ha sonado. 

Suerte que mi señora madre ha considerado a una hora prudente que ya era hora de levantarme, sino hoy no hubiera llegado a clase...

Empezamos bien la semana...

Contrariedades de la vida 40

La lluvia. No me gusta que llueva. Si no tengo que salir de casa, la tolero, porque como tenga que salir... qué mal lo llevo...
Esta mañana he empezado el día divinamente: el despertador ha sonado demasiado pronto (cualquier hora a la que el puñetero aparato suena es siempre demasiado pronto), mi padre estaba de dueño y señor del baño (cómo odio levantarme a la misma hora que él), salgo a la calle y lloviendo a todo llover. Pienso que el día va a ser interesante (por no decir otra cosa). Empiezo a andar y cuando voy a salir de mi plaza, me doy cuenta de que todo el pasaje está inundado de agua (la señora alcantarilla se ha colapsado nada empezar el día) y yo me meto en un charco de proporciones épicas para llegar al curro a la hora, eso sí, con los pies mojados. 

Maravilloso. Lluvia, sueño y pies calados. Perfecta combinación.
¿Cómo terminará el día de hoy? Por que no pinta nada bien...


Contrariedades de la vida 39

Contrariedades de la vida 39
Tener clase de inglés a primera hora del lunes ya cuenta como contrariedad (aunque cada vez se me da mejor y cada vez voy a clase con más ganas). Pero si a hoy le sumamos que esta noche he dormido poco (los fines de semana me trastocan los horarios y más cuando cambian la hora, qué se le va a hacer) y que en el edificio donde doy clase está de obras...
¡Qué hora y media más larga!

PD: Es imposible hacer un listening con la pared y la mesa temblando...

Contrariedades de la vida 38

Contrariedades de la vida 38
Soy personita de pillar toooodos los virus que hay a mi alrededor. No me dejo ninguno, los quiero todos para mí. Así que me he pasado la mayor parte del invierno pegada al pañuelo (el momentazo fue cuando me quedé completamente afónica en clase, contar un cuento sin voz es toda una experiencia que no quiero revivir). Más o menos he capeado todos los contratiempos, pero ahora ya nada va a separarme de mi querido pañuelo, porque ya está aquí mi gran amiga: la alergia ha vuelto, puntual como todos los años. 

Es "maravilloso" (ironía modo on) estar con un resfriado mal curado y que lleguen el señor polen y las señoras gramíneas, y ya se te desbarajuste por completo la nariz. 

Vuelvo a mis amados sprays, que hacen que tenga todo el día un sabor bastante desagradable en la boca. Intuyo que en septiembre, más o menos, dejaré al señor pañuelo libre de su engorroso trabajo...

Carta a un ordenador

Carta a un ordenador
Eras un señor mayor. Y digo eras porque, efectivamente, has pasado a mejor vida.

Han sido muchos momentos juntos: de escribir, de escuchar música, de ver películas y series, de arreglar fotos... pero desde que el dichoso virus de la policía dijo que se venía con nosotros, no has vuelto a ser el mismo. Pasaste por un formateo y un cambio de disco duro, y aguantaste como un campeón, pero últimamente las cosas no funcionaban muy bien. Cada día ibas más lento y encima, te apagabas o te quedabas colgado sin venir a cuento. Y yo empecé a mirar precios para una torre nueva porque no puedo estar sin ordenador. Tú debiste de olerte que te iba a cambiar por otro, porque justo el día que me decidí por una torre nueva, dijiste que no te encendías más. Se necesita ser puñetero, después de taaaantas cosas juntos, al final has querido joderme, ¿no? Desde luego... Pensaba que me querías mejor. 

Pero después de todo, yo te echo de menos, y más porque ahora tengo windows 8 y no me llevo nada bien con él. Con lo feliz que era yo contigo!!!!!!!!!!!!!! 

Descansa en paz, pequeño, y dame paciencia para aguantar a su sucesor.

Contrariedades de la vida 37

Contrariedades de la vida 37
Tarde del 31 de diciembre de 2013: hago la faena de casa, voy a visitar a mi abuela para desearle una buena noche y sobre las 7 de la tarde, empiezo a prepararme.
Primero ducha y pelo. Una vez que eso está listo, me pinto las uñas. Una vez secas, me maquillo. Uñas plateadas y ojos a juego, para que combinen con el vestido gris que voy a llevar. 
Cuando ya queda poco para la hora, me pongo las medias, la liga roja y el vestido. Me subo a los andamios que tengo por zapatos (gracias a ellos, me la pegué a mitad de noche y tengo un bonito moratón en una pierna de recuerdo) y saco el abrigo del armario. Manías que tiene una, pero lo último que hago antes de ponerme el abrigo, es coger el bote de colonia y echarme un poquito. ERROR. Mi vestido es de una de esas telas tipo gasa en que una gota de agua se queda marcada. Y como no, la colonia me deja un manchurrón que no veas. Yo que iba como un pincel, salgo de casa con una mancha de impresión y que además no está en un sitio que se pueda disimular. 

Empecé la nochevieja cruzada, pero la terminé estupendamente. FELIZ AÑO

PD: a lo largo de la noche, podría decirse que me hice colección de manchas porque la gente es muy feliz y te tiran los vasos por encima con una facilidad pasmosa. Por suerte tengo una madre que vale un tesoro, y que me ha dejado el vestido impecable.

Contrariedades de la vida 36

Contrariedades de la vida 36
No me gusta la lluvia, aunque admito que antes lo llevaba peor. El caso, que hoy como estaba medio nublado y tan pronto chispeaba como que no, me he encasquetado mi gorrito en la cabeza y me he ido a la calle sin más. Todo bien, no llovía.

Pero a la hora de volver a casa si llovía, y yo sin paraguas. 

Mentalmente dices: "Bueno, llevo gorro, no es muy grave. Iré por debajo de las cornisas, esquivando goteras".
Pero no, porque las señoras que SI llevan paraguas se ponen de palique debajo de las cornisas. Vamos a ver, ¿no llevas paraguas que impide que te mojes? Pues deja las cornisas para los pobres desgraciados que nos hemos dejado el paraguas en casa. 

El teléfono

El teléfono
Estoy segura que muchos de vosotros os sentís identificados con esta historia, que podemos decir que está basada en hechos reales (o mejor aún, que sucedió ayer por la noche en mi casa).

22.30, hora española, de haber cenado ya o estar a punto de terminar. Suena el teléfono. Y ya te asustas, porque las llamadas a esas horas suelen traer malas noticias. Te quedas tiesa en la silla, como con miedo a levantarte y sin poder tragar la cena. Entonces, mi señora madre, que es la única que no tenía la boca llena, se levanta y coge el teléfono.


- Buenas tardes, señora (supe de este saludo cuando mi madre colgó).
- ¿Cómo que buenas tardes? ¡Si son las diez y media de la noche! Estas no son horas de llamar a molestar a ningún lado. 


Y dicho esto, colgó con toda su mala leche. 
Mientras tanto, mi padre y yo, que ya habíamos tragado la cena, nos echamos a reír. La cara que se le debió de quedar a la pobre moza que llamara para hacernos alguna oferta, debió ser un poema.

¿No estáis un poco hartos (por no decir otra cosa) de esas llamadas a todas horas en las que te llaman para pedirte que te cambies de compañía? Porque yo estoy de los señores de Jazztel hasta los mismísimos. Porque no se conforman con un no, sino que insisten e insisten hasta que pierdes la paciencia y les sueltas alguna burrada (realmente he suavizado las palabras de mi madre, porque hubo más tacos que otra cosa en la frasecita). Que si me quiero cambiar de compañía, ya llamaré yo!!!!!!!!!!