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Socorro

Sé que tengo el blog muy abandonado pero de verdad que el tiempo disponible es mínimo y no me da para nada. Espero poder retomarlo pronto y también los vuestros. 

Hoy os traigo una de esas frases de niño que en un determinado momento nos puede sacar una carcajada y que yo quiero dejar aquí para que sonriáis y para que no se me olvide.

El jueves pasado tuve clase de psicomotricidad y saqué el paracaídas para jugar con los nenes de 4 años. Es algo que les encanta, ya el tamaño y el colorido es algo que atrae. Tras hacer varios juegos, y como la hora llegaba a su fin, puse música de relajación y acabamos todos metidos bajo el paracaídas tumbados. Era bonito ver como los rayos de sol se colaban y los colores brillaban. Cuando pasó un ratito y antes de que ningún niño se me ofuscara por estar demasiado rato tapado, les dije que podían salir y en cuanto empezaron a moverse a otros les empezó a costar más quitarse el paracaídas de encima. Fue entonces cuando escuché alto y claro: SOCORRO, ¿ALGUIEN PUEDE ECHARME UNA PATA?

Entre risas acudí a sacar al niño en cuestión. Qué bien le quedó la frase.


Fin de trimestre con una fiesta medieval

Y terminamos el proyecto de los castillos. Y fue de la mejor manera posible.

El día 23 de marzo era el último día del trimestre y teníamos solamente jornada de mañanas, así que fue le momento indicado para hacer una jornada medieval.

La tarde de antes, las compis de infantil nos quedamos acabando de montar nuestro pequeño castillo y el que iba a ser el mejor banquete del reino. Dos mesas alargadas con sitio para 115 niños de todo infantil, y cada sitio con su mantelito, su comida, su botellín de agua y su corona; presididas por la mesa real y sus tronos que al día siguiente iban a ser ocupados nada menos que por el rey y la reina del Servetilandia (nuestro pequeño reino).

La mañana del 23, llegamos un poquito antes a trabajar porque teníamos que vestirnos para la ocasión y acabar de preparar los juegos en el patio. Cuando empezaron a llegar los niños y las familias y vieron que todos los maestros de la etapa vestíamos de un modo muy medieval empezaron a alucinar. Después la que alucinó fui yo, porque la directora de nuestro cole, se motivó con la idea de la jornada medieval y llamó a la tele fragatina, y ya os podéis imaginar a quién entrevistaron. Qué vergüenza pasé, pero al final no quedó mal de todo.

Dos horas haciendo diferentes juegos por el patio: construcción de castillos, talleres artesanos, justas medievales, juegos de puntería... Para terminar con una danza medieval de la que fueron testigos todos los profes y alumnos del centro. 

Mientras los peques estaban en el recreo, acabamos de preparar el banquete y esperamos la llegada de los reyes. Con un perfecto menú compuesto por panes de leche con chocolate, patatas fritas y chuches, llenamos las barriguitas de nuestros niños y cerramos la jornada con una gran alegría por lo bien que ha salido todo y lo contentos que están los niños.

Fue un fin de trimestre agotador, pero genial.
Seguramente al año que viene nos atrevamos con algo más.

Cuando unes tu trabajo, amigos y una afición

Este segundo trimestre ha sido corto, intenso y agotador. Ya está llegando a su fin pero antes de poner el punto final os voy a contar una de las experiencias más chulas que he tenido como profe.

Lo de hacer proyectos en los coles es algo cada vez más común, pero lo de que todo el ciclo vaya a la par con un mismo proyecto es algo menos visto. Y este año en mi cole nos hemos atrevido con un proyecto internivelar de castillos. La verdad que nos ha costado, lo de coordinarse ha sido difícil y en algunos momentos hemos hecho muchas cosas sin tener en cuenta a las demás. 

Pero si que ha habido cosas buenas a destacar como que el edificio de infantil parece un pequeño castillo. Al llegar las puertas de cristal tienen vidrieras y al entrar un simpático bufón te da la bienvenida en los 3 idiomas que se estudian en el cole. Además hemos tenido la gran suerte de contar con una familia maravillosa que nos ha construido 4 torres con sus arcos correspondientes y un trono real para el hall de nuestro edificio. En todo el pasillo hay una muralla, con una lámpara enorme de araña en el techo y varias antorchas. Las puertas parecen medievales con sus bisagras y sus rastrillos. Y los estandartes, cuadros medievales y escudos le dan el toque final. Han sido mogollón de horas invertidas que hemos sacado hasta de nuestro rato de comer pero ha merecido la pena. Y la semana pasada nos atrevimos con una excursión al castillo de mi pueblo: 80 niños de Fraga vinieron el pasado 10 de marzo a Monzón.

Confieso que estaba nerviosa a la par que emocionada. 
¿Saldrá bien? ¿Aguantarán los peques de 3 años la subida? ¿Les gustará? ¿Hará buen tiempo?
Y ahora puedo contestar a todo que SÍ. Y es que en el castillo contamos con la ayuda de dos de mis amigos que les enseñaron a mis niños el castillo con una visita teatralizada genial. Los peques fueron despacito pero aguantaron como jabatos y encima se portaron genial. Después de hablar con ellos me quedo con sus caras y con la frase que le dijo un niño a su madre al llegar a Fraga: "ha sido el mejor día de mi vida". Y encima nos hizo un sol divino.

Ahora nos quedan 3 días de cole para preparar el gran final: una jornada medieval con juegos de la época, talleres, una danza medieval y un banquete real. Ya os contaré qué tal termina todo.


Los renos de Papá Noel

Ya estamos con la Navidad en el cole (hace días en realidad), hemos decorado las puertas de clase y el pasillo, hemos hecho postales y estamos ensayando un villancico muy majo para los más peques. 
Hoy estaba en clase de 4 años cuando un canijo ha dicho que él se quería subir a los renos de Papá Noel. Antes de que yo pudiera decirle algo del tipo eso no puede ser, porque tú tienes que estar dormido y no puedes ver a Papá Noel, se me ha adelantado una nena y le ha dicho: "pues no puedes porque los renos no llevan cinturón y es muy peligroso porque te puedes caer".

Ya no me ha hecho falta decir nada más.

Los miércoles no molan

Cada curso escolar hay un día de la semana que para mí es nefasto. Este año toca el miércoles, porque tengo todas las horas de infantil seguidas, algunas horas sin apoyo en las clases más movidas, y acabo el día con una clase en 4º de primaria, que no me motiva un pelo.

Voy capeando los miércoles como puedo, animándome a mí misma diciéndome que ya estamos a mitad de semana y que quedan todavía 7 días hasta el próximo día fatídico. Pero hoy es insalvable. 

Empezamos con niebla de la muerte que hace que no veas un pijo en la carretera.
A primera hora nos encontramos con una clase de 4 años que parecía que había desayunado lengua y no callaban ni por equivocación (ya a primera hora me he dejado la garganta).
Continuamos con una segunda hora en la que el protagonista indiscutible ha sido un vómito maravilloso en 3 años.
A la hora del patio, para no parar, ha tocado ir a vigilar el recreo con lloros y un nuevo vómito de regalo.
Y terminamos la última hora de la mañana con más lloros y gritos en la otra clase de 3 años.
A mediodía, en lugar de hacer un "break" he tenido que plastificar y preparar unos marcapáginas que hicimos ayer con los peques. 
Por suerte (y de momento) mi media hora de comer no me la quita nadie, pero seguimos a las 3, con la otra clase de 4 años donde ha sido imposible hacer lo programado porque ha sido un completo caos con una peque que hoy tenía el día cruzado y lo más bonito que me ha dicho ha sido "tonta", y terminamos con los de 4º que están en plena edad del pavo y están insoportables. 

Coge el coche, una hora de viaje, llega a casa, cambiate y baja corriendo al gimnasio para hacer una hora de zumba (no he dado pie con bolo porque mi cabeza estaba completamente fundida) y llega a casa para que tu padre te diga que se ha muerto tu perreta. Ay. 

Yo me voy a dormir ya que es lo mejor que puedo hacer. 



Mocos

Ya sabéis que cuando hay alguna anécdota graciosa de mis peques en el cole, la dejo en el blog para que os riáis conmigo. Y la primera de este año no se ha hecho de rogar demasiado.

Nico es uno de esos niños que siempre trae juguetes al cole. Hay profes que les da igual, otras que no lo toleran y yo soy de las que si es para enseñarlo me parece bien, pero que luego lo quieran sacar al patio no porque como le pase algo al juguete, ya está liada. Y Nico es de estos últimos, así que le hemos dicho que no traiga más juguetes al cole.

La otra mañana, cuando llegó le preguntamos: Nico, ¿has traído juguetes hoy? y él respondió con una naturalidad tremenda: no, hoy solo traigo mocos (con su correspondiente vela colgando). 

Casi prefiero que me siga trayendo juguetes...


Los fantasmas no llaman a la puerta

Como ya sabréis, este año soy teacher por lo que me va a tocar darle caña a Halloween en el cole. De hecho voy a empezar mañana mismo, y vamos a estar dos semanitas bastante atareados con calabazas, decoración, maquillaje y demás cositas de miedo. 

El viernes quise plantear el tema en la clase de 4 años y les pregunté qué sabían de Halloween. Empezaron a decirme que había vampiros, esqueletos, brujas, que se hacían calabazas y que los zombis comían cerebros. Les pregunté entonces si sabían qué se hacía en Halloween, y les conté que los niños se disfrazan (por ejemplo de fantasma) y van por las casas pidiendo caramelos con eso de "Trick or Treat". Todo esto en inglés, sin ningún tipo de traducción, que a veces dudo de si me entienden, pero me llevé una grata sorpresa: uno de los canijos me dijo que no podía ser, que los fantasmas no pueden llamar a las casas para pedir caramelos porque no tienen manos. Me dejó a cuadros con su respuesta. Maravillada porque me había entendido a la perfección, pero sin palabras porque el niño tenía toda la razón. 

Son geniales. Me esperan dos semanas muy divertidas.

¿Un error?

¿Un error?
La vida de una interina no es fácil: empiezas con sustituciones más cerca o más lejos de casa, no sabes con qué vas a encontrarte, ni cuánto tiempo durará esto. Yo de momento no tengo demasiadas quejas: he trabajado 4 años y todavía no he necesitado moverme de mi casa, he tenido dos cursos completos y un último año de sustituciones largas, una de 3 meses y otra de 5. De estas dos me llevo cosas maravillosas y un montón de aprendizajes. Pero hay algo que a veces dudo de si lo que he hecho está bien o ha sido un error: me he involucrado demasiado, hasta el punto que mantengo relación con dos mamás de dos niñas.

En el primer caso se trata de una de las niñas más maravillosas que he conocido, una niña especial que era ignorada por su tutora y que yo quise casi desde el primer momento en que la vi. Ha sido difícil trabajar con ella, pero a la vez ha sido tan gratificante... Su madre vio que su peque empezaba a cambiar y al final de mi tiempo en ese cole, decidí darle mi número. Quizá me dolía demasiado desaparecer del todo y no saber nada más de ella (aunque como interina es lo que se lleva, tener un bonito recuerdo y dejar que la vida pase) y lo cierto es que esa madre me ha ido contando los grandes logros de la niña, ha venido a verme a mi pueblo con ella y hemos entablado una bonita relación.

El segundo caso fue más o menos por un estilo. Una peque que pasaba de todo y la gran mayoría del profesorado tenía asumido que esa chiquilla pasaba de todo y no había nada que hacer, hasta que llegué yo y me puse pesada. Todo el mundo notó una mejoría con ella, tanto de actitud como de esfuerzo. No digo que fuera gracias a mí, porque todo niño tiene que madurar y quizá simplemente caí en ese momento a su lado, pero yo me siento partícipe, sobre todo en el momento en que su madre me dice que la niña no hace más que nombrarme en casa (nunca ha nombrado a nadie del cole) y que ahora está mucho más activa. Fue el otro día cuando hablé con ella y me dijo que la tarea de verano que le sugerí que podía hacer, la había hecho toda ella sola y sin errores. Me sentí tan orgullosa que no me salen las palabras. 

Uno de mis miedos cuando empecé a trabajar (e imagino que de mucha gente también) es saber si estaba capacitada para ello, si lo iba a hacer bien, si sería capaz de dejar huella. No sé si lo hago bien o mal, y obviamente me queda mucho por aprender todavía, pero si es cierto que he notado ciertas cosas que me hacen sentir bien y aunque es posible que me involucre demasiado, de momento me está dando buenos resultados, así que aunque sea un error, voy a seguir así.