Al abrir la puerta me encuentro con una habitación llena de polvo. Debe hacer mucho tiempo que nadie entra ahí, si es que alguna vez alguien ha entrado, porque el suelo está totalmente cubierto de una fina capa de polvo que impide ver el color real de la habitación. Parece que un color cobrizo quiere asomarse entre la polvareda. Me adentro en el cuarto y empiezo a dejar mis huellas en él. Un paso, otro más y conforme avanzo un sonido se mete en los oídos: bum, bum, bum… Rítmico, melodioso, perfecto, aunque a veces se ve atravesado por algún chirrido que me hace llevar mis manos a mis orejas para evitar escucharlo. Otro paso más, y otro, y ya empiezo a vislumbrar cosas: miles y miles de tuberías salen de una gran máquina. Avanzo más. Medidores de todo tipo, llaves, botones y válvulas de todos los tamaños decoran la máquina y las tuberías se meten en todos los rincones de la habitación. Continúo el avance y tengo que agacharme para no darme con una tubería en la cabeza. Mi bonito vestido blanco va a terminar negro, alguien debería tener este sitio algo más limpio. Dejo de avanzar arrastrándome por el suelo y me planto delante de la maquinaria más grande que he visto nunca. El sonido sigue llenando la habitación: bum, bum, bum… y ahora además hace mucho calor, porque a la máquina la acompañan cuatro hornos que parecen ser su alimentación.
La sensación que entonces me invade es la que tenía cuando era una niña pequeña con un juguete nuevo: quiero tocarlo todo y ver qué pasa. Experimentar, todas y cada una de las llaves me llaman la atención, parecen brillar debajo de la suciedad. De hecho las que más me gustan son las que quedan fuera de mi alcance, y en la habitación no hay nada en lo que pueda subirme para alcanzar la altura necesaria. Tendré que conformarme con las más bajitas.
Toda válvula, llave y contador, vienen acompañados de un letrerito que indica qué es. En contra de mis propios impulsos me paro un momento para mirarlos. Paso mi mano para limpiarlos y poder leer bien. Parece que la máquina está dividida en partes y son dos las que más llaman mi atención: sentimientos y personas.
Me paro a mirar los nombres, y reconozco muchos de ellos. Muchas personitas tienen su lugar aquí dentro. Algunos tienen una llave más pequeñita, otros más grandes, algunos tienen su nombre casi borrado y otros están muy brillantes debido a que son muy recientes.
Dirijo mi vista a las llaves que regulan los sentimientos. Odio. Ese es el cartel que primero llama mi atención. Odio, en letras mayúsculas y brillantes. Los niveles que indica el medidor parecen bastante altos y sin pararme a pensar en que puede ocurrir si toco la manivela que lo regula me acerco para girarla, no es bueno albergar mucho odio. Me acerco un poquito más a la máquina aunque el calor es insoportable debido a los hornos. Es en ese momento cuando el rítmico sonido se acelera bruscamente. Ya no es melodía, cada bum atropella al siguiente. Consigo tocar la llave e intento girarla, pero me resulta imposible. Parece oxidada y rota. El odio ha quedado fijado así en este lugar. Haciendo caso omiso al ritmo acelerado que se mete en mis oídos voy a tocar la siguiente llave que me llama la atención. Felicidad. Estoy buscando la felicidad escondida y quiero que suban los niveles de la misma. Ilusa de mí, no pensé en las posibles consecuencias. Giro la preciosa llave dorada. La flechita del medidor comienza a temblar y poquito a poco empieza a indicar un número más razonable de felicidad. Es entonces cuando empieza a salir vapor de una de las válvulas. La flecha se vuelve loca y alcanza su máximo posible. La máquina tiembla y por miedo a que deje de funcionar intento volver a dejar la llave de la felicidad como estaba. La presión es demasiada y no puedo girarla de nuevo. La presión sigue aumentando, cada vez hay más vapor en la sala, un pitido acompaña al bum, bum acelerado. Me alejo de la máquina. Algo empieza a brillar, y de ese brillo nace una nueva llave con su medidor y su cartelito correspondientes. Falsas esperanzas es lo que puedo leer. He intentado elevar los niveles de felicidad sin pensar en qué podía pasar, de un modo brusco y ahora he creado un nuevo sentimiento. Falsas esperanzas. Yo no quería hacer algo así. Sigo alejándome de la máquina, un paso atrás, otro y el sonido recupera su melodía perfecta: bum, bum, bum… No debería haber tocado nada, no debería haberme adentrado tanto en el castillo.
Una maquinaria fuerte pero también frágil. Un latido que poco a poco va recuperando su ritmo normal."





12 trocitos de felicidad:
Siento la tardanza en publicar esta entrega, pero entre el poco tiempo, la falta de inspiración y q la conversación de este texto se había perdido... Espero q os guste la historia y q la espera /valga la redundancia) haya merecido la pena.
Intentaré volver a actualizar pronto y terminar con la historia de las puertas del castillo :D
Me ha encantado, Ojizarka :) A ti, te llamaba el sonido, y por eso entraste en esa sala, aunque no lo supieras jeje. Lo que hace la curiosidad, ¿verdad? Sin querer creaste falsas esperanzas, pero fue gracias a la felicidad; un bonito sentimiento que tanto queremos. Y el odio, mejor aparcarlo, mejor no haber intentado tocarlo.
Me gusta que esté dividida en sentimientos y personas, está muy bien. ¡Muy buena la frase final!
Hasta la fotografía es genial =)
Un beso, Ojizarka. Espero con ganas la siguiente entrega
¡Qué grande eres, Ojizarka! Me ha gustado mucho. Superación in crescendo la tuya. Enhorabuena :D
¿Sabes que me ha recordado mucho a un libro de Stephen King? Canción de Susannah, el sexto de la colección de La Torre Oscura.
Natalia y Fran, mil gracias!!
sois los siempre fieles a estas entregas :D
Sabes Fran, siempre he tenido la espinita de leerme algo de Stephen King :P
De todos los textos que te he leído en esta historia, creo que éste es el que más me ha gustado. Qué buena la parte en la que, mientras te adentras en lo desconocido, tu mente de mujer se va al vestido que está a punto de mancharse y a pensar qué narices hacen los de mantenimiento que no barren el suelo :) Me parece un buen punto.
En cuanto al propio funcionamiento del corazón, también me gusta la idea de las tuberías, la llaves, las clavijas y las arandelas. Lo que creo es que se te ha quedado corto el capítulo. Quizá podrías explorar un poco más en los sentimientos. Pero desde luego lo de aumentar la ilusión de golpe causando falsas esperanzas es brillante.
Enhorabuena!
Besos,
Berta
Sublime. Esto va mejorando con cada capítulo. Me encanta el toque "steampunk" de esta puerta. Válvulas, engranajes...
Bravo!
Espero la próxima
Elodhir
Me ha encantado!Fantastico texto.
Casiopea, mil gracias por tus palabras, me sacas una sonrisa con lo q me dices :D
sobre hacer los capítulos algo más largos me da miedo hacerlos pesados, y además, parte de la gracia de conocer estas "habitaciones" es q es en plan relámpago :P
Elodhir, gracias por tus elogios :D
Jess, gracias por sumarte a esta pequeña aventura que tng entre manos y decirme q te parece fantástica.
GRACIAS A TODOS!! Seguiremos con la siguiente entrega :D
Si es que soy un crack. Me deberian dar el premio nobel a la paz o alguna mierda asi.
.-
Sobre todo el de la paz!! xD
precioso
Gracias al último anónimo, me gustaría saber quién es :P
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